En ese cuarto
Donde ambos fuimos convictos, estaba sentado mirando fijamente al televisor y veía pasar todos los recuerdos que tú y yo pasamos juntos, eran maneras de evadir la realidad que más de una vez se me cruzaba por la cabeza, me dolía entonces el ojo derecho y lo tocaba con mi dedo índice derecho, el que me servía a veces de recuerdo muscular para cuando tu sanaste la primera herida que me hizo el gato. Quisiera de alguna forma... no hay modo de que diga eso, en el momento en el que piense en las millones de formas que algo puede pasar solo ocurrirá ese aquel que no fuimos; verdadero es que no teníamos que coincidir, pues qué más tiene que esperar un ser torturado por la existencia para hallar su comprensión por otro.

Suelo pasar las madrugadas anhelando que aparezcas frente a mí y que como siempre me digas lo mucho que me extrañabas, pero no hay espera para el nadie. Aunque la nada exista por ser nada; el vacío legal de los existencialistas de la materia.
Me siento lejos de ser ese algo que muchas veces dijiste que seríamos, y me duele el alma recordar que no estás.
Abriría esa caja donde guardo tus recuerdos, pero quedaron tan terriblemente borrosos después del incidente que tuvimos, que el solo verlas me recuerda ese trauma de perdida que no puedo sacar de mí. Me han preguntado muchas veces por qué siempre escribo sobre la muerte, y no sabría que contestar, me gustaría decirle a mis lectores que solo será alguna espinita de inspiración que me dejó la infancia, pero estaría mintiendo, sé que dentro de mí se esconde algo que simplemente no puedo describir, y empieza a existir nuevamente esa tristeza que nadie puede permitirse comprender, pues de ser así tendríamos la respuesta a la existencia, la respuesta al para qué.
Mientras miro el televisor veo en el reflejo del oscuro reflejo de la pantalla negra, que me encuentro solo, desesperado, acongojado para enfrentar esta puerca vida y si tengo de alguna manera hacerle llegar a alguien esta última sentencia me gustaría que fuese callada su opinión, porque estoy mamado de que todos opinen, estoy cansado de que la gente se entrometa en temas que no les competen, y más aún, que finjan ser lo que no son, pues habla más su modo de vivir, que su forma de verse vivir. El estrés es contagioso y este mundo me agobia y me irrita, personas dicen que puedo se puede vivir tranquilo cómo si fuera una normalidad de un estado de paz, hasta que prueban un poco del amargo liquido del veneno de la serpiente roja y es ahí, cuando temen por lo vivido, de alguna forma las personas me habrán dicho que doy miedo y sí que lo doy, más no porque sea raro o callado, sino más bien porque mis pensamientos los aterrorizan; será normal el creer en dios, pero no en mi dios, dios que ha proveído el todo por el todo y así mismo no ha hecho nada, dios que dio señales, pero me las escondió a mí -la sonrisa en mis labios es sonora- y entonces recuerdo otra vez el bote, recuerdo los martillazos para partir, recuerdo que estábamos prontos a dejar la isla, recuerdo que íbamos saliendo de la mala manera en la que dijimos que no llevaríamos las cosas y así estoy frente a un televisor, mirándote y recordándote quien eras y el por qué de tus cuestiones, estás ahí y te estoy viendo, mirándome. Y la serpiente roja ríe y me está mirando desde la esquina de esta oscura habitación, quiero en demasía dejar este espacio, pasar a un plano en el que las palabras no existan y descansar en paz en la inconciencia y la reflexión, porque cuando vuelvo a recobrar ese sentido del análisis, caigo en esa depresión del ¿qué hicimos?
Deja de llorar y dejemos de mentirnos de que encontrarás el bienestar, pues tanto tú como yo, sabemos que esas son idealizaciones que nos hicimos por querer que todo fuera para bien, déjame decirte que lo único que te mantendrá en pie será tu propia bilis, cada vez que la escupas, te acordarás de mí, y sabrás que nunca me iré, hasta que tu corazón explote en pálpitos y tus oídos te hagan escuchar los gritos que no existieron y las personas que dijiste ver no serán más que ese sin sabor de los enemigos que hubieses merecido tener.
¿Ahora si me escuchas verdad? Te noto atento. Así que repite conmigo:
Las veces que pude ser feliz, no lo fui, y las veces que lloré las desperdicié.
Nada es suficiente, créeme, nada lo es, y por eso mismo, seguiremos con vida.
Atentamente,
tu antidepresivo.


A mí me pareció un texto bastante triste y pesado, pero tiene frases que de verdad llaman la atención. A veces se vuelve un poco confuso por tantas ideas juntas, aunque creo que eso también le da ese ambiente oscuro. Digiero en el final porque termina hablando de seguir con vida ⚰️