Quiero volver a dormir
Me encontraba entre las piedras y pude percibir que el aire era helado, el cielo completamente despejado y todo tenía un aura de silencioso caos. Nada era del todo terrible, pero en su misma forma se percibía la incertidumbre.

Caminé entonces por los largos caminos que habían sido marcados por personas antes que yo. Sus huellas tenían muy poco relieve y pareciera que todos midieran lo mismo. Siempre me habían fascinado las historias donde era increíble vivir en libertad, andar por el mundo, y que todo pareciese de algún modo como lo eran mis sueños.
Pensaba mucho en cómo serían las personas cuando viera alguna, aunque de todas formas me importaba más ver qué llevaba en mis pantorrillas, pues sentía que estas eran protegidas por un algo, por lo que las palpé y eran algo metálicas, bastante nuevas. Al tocarlas vi que mis manos estaban cubiertas por un metal extraño que parecía ser el mismo que llevaba en todo el cuerpo.
Cuando vi una tienda de una señora cubierta por ropa bastante larga que me meneaba con la ventisca de aquel lugar.
De cierta forma ella y yo nos vimos al rostro como quien dice: «¿Usted está sintiendo esto mismo?», y apenas reímos al mismo tiempo.
—Kore —le dije a la señora—, mi nombre es Kore.
Ella apenas se reía y mientras lo hacía me mostraba sus ollas y platos repletos de comida; eran más que todo harinas, era lo que percibía, pero un jarrón en especial tenía apenas uvas verdes estáticas. De un modo u otro parecía ser el producto menos vendido de la señora y entonces pincho el jarrón con la punta de su dedo y sonó clin-clin.
Por lo que comencé a sentir un terror profundo sin haberlo esperado. No sabía qué me sucedía y fue entonces cuando caí al suelo, empecé a temblar y quería ver haciendo demasiada fuerza con mis ojos, tanto que sentía que iban a salir de mi cráneo.
Al levantarme tenía una migraña tremenda, cogí mi bastón y caminé hacia el baño. Cuando traté de verme al espejo, recordé haber perdido la vista hace años por la vejez. Lloré y ni siquiera pude ver mi horrible cara al hacerlo.
Ojalá mis sueños fueran más largos y profundos. Cuando despierto no soy más que un parlante sin sonido.


Comentarios