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Monster | Cuentos de terror | Octubre 2026

Foto del escritor: Andrés Borbón
Andrés Borbón
hace 3 días
6 min de lectura

 

Se acercaban las vibraciones a los orificios de su cráneo, apenas se le zarandeaba el cráneo al mismo tiempo que algo se le acercaba como un cuervo sobre el espacio de esa extraña tierra de arena con un cielo amarillo volcánico.


Cuento Monster de Andres F. Borbon, cuentos de terror para halloween octubre 2026
Monster, por Andrés F. Borbon | Cuentos de terror octubre 2026

Las ideas le habían rondado por la cabeza varias noches y días, pero no quedaba más que un esqueleto tirado en el suelo infértil de aquel lugar, tomó con sus manos e hizo crujir sus falanges tomando un puñado de tierra, luego lo soltó en el aire y el viento se llevó con ella el último suspiro que un cuerpo sin pulmones dio. La tierra crujía y se mecía de un lado a otro, serenamente, como si brotase del suelo una lápida propia de horrores mal logrados. El esqueleto solo miro a su alrededor e intentó hablar sin darse cuenta de que éste no tenía quijada, tal vez la había perdido en lo ocurrido antes de ese despertar -pensó.


No trataba de comprender la situación, estaba más bien sereno, firme sobre la arena, miró arriba y abajo, no percibió más vida que aquella que había dejado antes de nacer personificado en la muerte solitaria de ese lugar, se tocó la cara y atravesó con sus dedos las cuencas de sus ojos, estaban totalmente vacías, dentro del cráneo había un aire cálido, de todas formas veía sin tener glóbulos oculares y menos aún un iris, o cualquier tipo de filtro que se decida definir como vista o receptor de luz, ¿podrían ser los ojos la única manera de apreciar la vista? Ni se lo preguntó, estaba renegado al pensar, así no lo quisiera, las fuerzas del lugar estaban entremezclándose con el sonar lejano de lo que venía a ser una pesadilla para unos, pero para él no era más que una existencia, presenciar, estar y no más que eso. Aclaraba cada vez más el sitio, conforme se sentían en los huesos que lo sostenían al estar sentado y no pudo evitar más que reposar su cabeza hacía atrás y recibir la luz de la soledad sobre su frente blanca. Entonces crecieron en su cráneo pétalos de rosa blancas, una detrás de otra, formando finalmente una cabellera que le llegó hasta los hombros y creyó recordar algo, pero no fue más que un reflejo. Intentó tocar lo que debía ser su estómago, pero no había más que un gran espacio que daba lugar a su espina dorsal, la apretó fuertemente y trató de halar, pero algo le dijo que no lo hiciera por lo que hizo la posición de loto y reposó su codo sobre su rodilla derecha y clavo sus dientes superiores a la mano derecha, la brisa continuaba pasando entre su esqueleto, los pétalos se mecían por la brisa, quedando así contemplando la nada.


El aire se ponía frío y la arena se levantaba con su soplido, la luz volcánica resplandecía en lo alto de aquel lugar, no había más que describir físicamente: solo interpretar.

Los recuerdos se iban caminando a lo lejos y no parecían querer volver a aquel cuerpo esquelético, caminaban sabiendo que no había un fin, y de la misma forma que se deformaban al ser más distantes, estos comenzaban a ser deformes, adquirían formas a cualquier tipo de alegorías que no puede describir alguna fórmula matemática de geometría, dando lugar a ser parte de una nueva identidad. Ellos se sentían el dolor que el esqueleto no recordaba y éste no sabía que los había olvidado. Doliéndole el pómulo izquierdo al esqueleto, sin saber por qué, ni cuestionarlo; contempló aquel dolor y volvió a intentar sobar el espacio debajo de sus costillas, encontrando su espina dorsal de nuevo. Volviendo las vibraciones que venían de lo lejos y así éstas le instaban a hacer algo al respecto, pero él no hizo nada, los pétalos de su cabellera blanca comenzaban a quemarse y salía un humo blanquecino como si fuera de alguna pipa, que inundaba aquel ambiente de resplandor comenzaba a tomar calor al igual que sus orejas; tocó ambos lados de su cadavérico cráneo y lo único que quedaba en él no era más que el hueso, seguía contemplándolo, nunca cuestionó el porqué de sus sentires.


Las memorias se ponían borrosas y solo se aplastaban rebotando entre ellas mismas en un estado gaseoso que se alejaba más de aquel esqueleto y éste seguía solo cambiando de brazo cada vez que podía. Estuvo a punto de pensar, pero no era el momento, tal vez lo sería cuando volviera a estar consciente, pero ya no poseía si quiera recuerdos.


Me duele el alma, gritó una mujer a lo lejos y sonó un vidrío romperse a lo lejos.


El resplandor volcánico dejó de existir y así se dio paso a la fase 3 del duelo y cayó sobre el cráneo del esqueleto una bola de billar roja, éste apenas se zarandeo sin perturbarse y tras de sí venía toda una algarabía de búfalos, que el ruido que provocaban era estruendoso, se perturbaba cada vez más todo ese espacio, se perturbaba más aún la arena, que estaba comenzando a ser lodo, y los recuerdos que comenzaban a ser onomatopeyas de batazos en la entrepierna de un hombre joven sin rostro tomaron forma y ya no eran incomprensibles.


El esqueleto seguía sin inmutarse y estaba tirado sobre el suelo con los trozos de su cráneo sobre el suelo, le dolía algo, pero no sabía que era el dolor, intentaba interpretar lo que sentía, pero sin siquiera tener un lenguaje o una forma de con sus recuerdos darle forma a lo que estaba viendo podía de algún modo interpretar, solo era un monigote en el llano lugar. Los búfalos seguían acercándose a él y sus pisadas eran tan fuertes que daban arcadas al hombre de huesos, que seguía contemplando el todo, percibiéndose como la nada, éste no se inmutó, ni podía pensar. En el momento que el cuervo que venía viajando desde las lejanías le quiso avisar de lo que ocurría, prefirió no hacerlo y por otro lado más bien dio giros en lo alto, siendo el carroñero que esperaba la hora, entonces de sus patas brotó la quijada del monigote contemplador. El cuervo seguía a la espera y los recuerdos ya habían desaparecido en su totalidad; el billar le había olido al cuervo como una blasfemia al momento, por lo que retiró del lugar la bola de billar y dio vuelta atrás para perseguir a algún recuerdo que esperaba que existiera, pues se dio cuenta que todo había sido un error, pero ya no quedaba nada de todo lo dicho anteriormente.


El esqueleto apretó la arena y la dejó caer al piso, quedando solo arena que se la llevaba el viento como un soplido, tocó su rostro de hueso limpió y sintió recordar algo, tuvo el reflejo de que fue de alguna forma una amenaza y entonces los brazos cayeron al suelo y sus piernas quedaron desparramadas y esparcidas delante suyo, quedando totalmente desarmado; el cuello dio un tirón hacía abajo y estalló el cráneo por la bola de billar roja, el cuervo en lo alto gritaba tres, tres, tres con una voz guturalmente grave. Y entonces el pecho le palpitó a todos los que estaban presenciando aquel cortometraje y se taparon la boca, salieron de la cinemateca con lagrimas en sus ojos, estaban pasmados y aterrorizados, gritaron incluso a los guardas de seguridad diciendo unos ¡sadistas!¡terrible! ¿pero qué es eso?


- ¿Cómo puede ser arte? -la asiática de cabello corto.


- Pague para ver unos huesos sufriendo en un lugar volcánico -el señor del bigote.


- Mierda lo que me pone a ver usted -dijo el nombre de su amante,


pero el esqueleto cobró consciencia y se desarmó totalmente, y para cuando dijo la frase conclusiva, solo había en la sala una mujer joven en sus veintes con pecas en el rostro y unas cejas prominentes. Ésta la escuchó y sintió tanto terror al ver y oír a un monigote moverse que al salirse de la pantalla atravesó los ojos de la muchacha y estos se oprimieron hacia adentro quedando chuzados, ella apenas abrió la boca y el monigote, esqueleto, ser inanimado, el contemplador, desapareció al igual que la chica, dejando en la sala un humo blanquecino junto con olor a rosas.


Las personas de limpieza que pasaron después de la película encontraron en el asiento D-14 un tumulto de arena que tenía marcado con un dedo un 3. Ellas no se dieron cuenta cómo había pasado las dos veces anteriores y así poco a poco aumentaba el volumen de muchachos desaparecidos en aquella Bogotá oscura de san Valentín.


-Cállese, no cuestione, siga escribiendo o le vuelo los dientes que le faltan…


…La muchacha numero 4 apareció y la encontraron oculta en el…


-Está perdiendo el estilo, la forma, siga escribiendo como antes…


…Para cuando se anunció la última fecha de la película, la policía había hallado el patrón de que las desapariciones estaban siendo ocurridas en su totalidad en teatros de cine baratos, y que además ocurría con la misma película, parecía como si todo fuera sacado de algún capítulo de…


-Eso, ya tiene forma. Continúe…



Notas del autor:

Si le ha gustado el primer cuento de terror Monster de la serie de cuentos de octubre del 2026, agradecería su comentario. ¡Gracias querido lector!

2 comentarios


J G
J G
hace 3 días

bravo 🌷

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Andrés Borbón
Andrés Borbón
hace 3 días
Contestando a

¡Merci de votre lecture, J G! restez à l'écoute pour les prochains articles en octobre. Mois de Halloween...


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