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Aparecían | Cuento breve de literatura distópica contemporánea.

Foto del escritor: Andrés Borbón
Andrés Borbón
18 sept
5 min de lectura

Actualizado: hace 4 días

Aparecían como cualquier mañana, y se sentía cada vez más el clavo en la planta del pie, cada vez que penetraba nuevamente el clavo, se apreciaba apenas los gemidos de un alma sin espíritu.


aparecían | cuento distópico de literatura contemporánea, toma solo 1 minuto leerse

A todos nos dolía verlo ahí colgando de dos sogas, una en cada muñeca. Tenía las marcas cauterizadas del uso de su esclavitud, lo que lo hacía particular para el tipo de persona como él, todos aplaudían y se levantaban de la silla por cada vez que él gemía las personas con cada elogio, grito de urra y aplauso lo hacían levantar su frente y mirar con mirada zumbante, de un lado a otro, así encontrándose siempre con la misma vista que el despertar anterior y entonces volvía todo a ser como antes, la gente miraba atentamente para comprobar que no iba a volver a pronunciar palabra, apenas los labios temblaban y le brotaban venas verdes y azules en las sienes, además de todo esto que se cuenta en este texto, entiendan que quien lo cuenta, sabe que no quedará nada de él, pues el sufrir no es sinónimo de simpatía, el sufrir no es sinónimo de salvación, tristemente no en este cuento, aunque también, se podría dar a la interpretación, pero así como le dije a mi buen hermano en algún momento de nuestras socializaciones entre tareas diarias de nuestro trabajo, si nos dedicamos a la interpretación y al lenguaje que se usa, hasta meterse un clavo en el culo es una fantasía, es un sueño, así pues comprendo al personaje de esta historia de modo tal que hasta podría ser yo, así que hagámoslo sufrir, o por otro lado que se cumpla su fantasía, o su sueño, en otras palabras: su clavo.


ACTO I


-Cuales son las razones por las que vino, cuéntemelo todo, no lo piense dos veces…


-Mi hijo-hizo una pausa y apretó los labios-no lo encuentro, se ha perdido desde hacia ya bastante tiempo, he hecho todo por encontrarlo, y daría mi vida por él, hasta si es necesario me arrastrarían y me podrían atar de ambas muñecas por que pudiera verlo aunque sea una vez más y decirle que no todo fue su culpa, solo un momento es el que necesito…


-¡Calle usted su boca, maldito estúpido!-lo agarraron del cabello los 3 hombres y entonces lo invitaron una vez más a ser parte del circo que se hacía de domingo en la noche, en el centro de la ciudad.


El hombre solo podía apretar sus ojos y recoger la nariz para arrugarla e impedir que se quedara sin aire para cuando la golpiza empezara.


Empezó a sollozar el hombre y los ojos ya secos de llorar apenas se empaparon, lo cual provocó en los que lo golpeaban aún mayor capacidad de ejercer el poder. Entonces lo tumbaron al piso y la primera patada vino del costado derecho, luego una patada acertó en el culo y apenas se escuchó el gemido de un hombre que perdía cada vez más las fuerzas, y le flaqueaban los codos, le flaqueaban hasta las orejas, como si fuera un perro, siendo tan humillante y triste que pareciera que sus orejas se cayeran por el de lado hacía abajo y nuevamente miraba al cielo con la espalda en el suelo y los moratones de la cara del fin de semana pasado y cortaba el dios del karma un hilo más y caía sobre el hombre mierda de cerdo, tanta que apenas si sonreía se notaban los dientes de su cara.


Luego de echar la mierda a un lado, sonrió y tristemente, pero emocionado con adrenalina por su instinto de supervivencia reptil más no razonable se sentó y empezó a vomitar a punto tal, que todo el pueblo de las fantasías se llenaban cada vez más de mierda de cerdo, y apenas sus ciudadanos empezaron a decir:


-¡Vea esa mierda!


-Marica, otra vez está cayendo mierda del cielo, que mierrrda de clima.


-Como siempre la mierda inculcándonos a nosotros el como debemos estar preparados para lo que sea, vea, justo para este momento, traje papel higiénico, límpiese la nariz tiene un poco de mierda en ella, parece un payaso-le dio el papel-ahí eso, ahí, aproveche que estoy acá, si no le hubiera dado mero resfriado.


Los únicos que toleraban la mierda que caía del cielo, eran los que nunca habían visto mierda caer del cielo.


Acto II


Casi como si se tratara del comprender la vida como una perdida de tiempo, estaban los cinco personajes más indisciplinados del colegio PIII-PIII (inserte aquí la grosería de preferencia, así se llamará el colegio) y jugaban en las máquinas donde los jóvenes- ya ahora adultos cuarentones- se juntaban cada bendito festivo para compartir coca cola y de alguna forma revivir lo que era pasar las madrugadas frente a una pantalla tan insignificante como el tiempo mismo, igual que más daba, no se podía recuperar, por ende era aún más entendible no arrepentirse, decía siempre el más bajo de los cinco:


-Perrito, es sencillo, -se rio- póngase a pensar, qué le queda de ver el tiempo como lo más preciado, por el mismo hecho de ser irrecuperable e imparablemente cambiante es imposible exprimirlo al máximo.


-No, no señor-movía el índice de un lado a otro, como los tombos siempre sin argumentos y continuaba- entonces, ¿qué? Espera usted empeñarse en que no hay nada por lo que luchar porque el tiempo pasa y porque no importa lo que ocurrió, entonces el pregunto: ¿Usted que aspira en la vida, qué espera de la vida, qué putas quiere de la vida?


-A eso es a lo que voy, papito lindo, para que aspirar a hacer algo con el tiempo, cuándo lo único que hacemos es existir en él, somos solo seres que habitan en el…


-Tieeempo, tieeempooo-el más estúpido de los cinco hacía maricadas.

Retomó entonces el inventor de “Los seres que habitan en el tiempo”:


-Me encantaría que me nombre a una persona que haya aprovechado su tiempo al máximo, sin la necesidad de que se arrepienta de lo que sí, y lo que no hizo, dígame uno, solo uno, qué más queda después de mi pregunta, le juro que no va a encontrar ninguna persona que se esté contenta de modo positivista con un, “hice las cosas de la mejor forma, no volvería atrás”, hasta le aseguro que si se pone del positivismo igual diría, “volvería, pero aprovechar aún más esa época”, queda pues entonces alguna garantía, que lo que usted hace hoy con todas sus fuerzas como un berraco lo va a hacer el más feliz del mañana, ¿lo va a hacer sentir sabio? Dígame, respóndame, ¿se sentirá saciado alguna vez de alguna forma?


Los otros cuatro se miraron el uno al otro, mientras el sofista miraba al cielo y empezaba a caer en la cuenta de que no había aprovechado su tiempo, como debía, ya había llegado el fin…


¡ESTABA CAYENDO MIERDA DEL CIELO!


ACTO III


La vida era sencilla para este cartero que antes había sido carterista misteriosamente oculto entre las sombras del miedo a ser descubierto por el físico deforme que ocultaba dentro de toda esa ropa tan holgada, la gente pensaba que la ropa era regalada, y bien pensaban, era regalada, ni más ni menos, aunque no le quitaba a la ropa su función: ocultar.

Siempre se ponía unas orejas de gato y pintaba sus cachetes como los de un gato, tal vez por un animé que alguna vez dieron en los canales nacionales, y entonces comenzaba este hombre a verse al espejo y comenzaba pues a hacer posturas raras, hacía como una mantis mientras sacaba la lengua y picoteaba el suelo con sus 5 muñones en cada mano debido a un accidente que tuvo en los mejores años de su vida, donde conservaba sus dedos y podía tocar la guitarra en los parques.

Pero ya que más daba, la mierda caería del cielo.


ACTO FINAL


Todo lo dicho anteriormente es ficción.

Andrés F. Borbon

13/06/2026


Gracias por leer: Aparecían | Cuento breve de literatura distópica contemporánea.

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