La SIM del bajo mundo

—Sencillo, sí señor. Lo único que debe tener en cuenta es que el mundo
radicalmente se encuentra en constante destrucción. Claro, contamos con
distintas ideologías políticas, e incluso con ciertas ideologías que no hacen
más que cambiar el modo de los dispositivos naturales con los que nuestro
dios nos trajo al mundo, pero no me iré por otro lado, lo que quiero dejarle
claro, señor Carmelo, es que en cuanto nuestro sistema de detección mental
empezó a operar desde la creación del primer teléfono celular, más o menos,
en la década de los setenta, no hemos hecho más que por la ondas de radio
encontrar a quienes puramente puedan servir al dios, que sin lugar a dudas nos
ha susurrado con catástrofes y evidentes apariciones de demonios que en otras
palabras serían las mal formaciones en el código genético de neonatos a los
que desgraciadamente les cayó el peso del virus del dios. Palabras más,
palabras menos: usted es requerido y capaz para realizar la limpieza que ni los
de LIME y desgraciadamente nuestros pasados gobernantes pudieron manejar,
entonces…
—¡Basura! Hijueputas malparidos los que nos tienen comiendo mierda, eso…
eso… estamos es en un narcoestado.
—Me ha entendido perfectamente, ¿es usted parte de este virus?
—Tengo es una gripa ni la hijueputa, gonorrea.
—Esa es la gripa que nos consume a usted y a mí, lo entiendo perfectamente.
Así que, si nos lo permite, dejaremos sin nada a esas gonorreas de
narcoestadístas, ¿entendido?
—Me perdí, quedé loco… ¿Qué es eso de las mentes y el teléfono?... Si me
regala un bicho yo le puedo…
—Lo que importa es que usted hace parte del parche, ¿me entiende? El bicho
vendrá de cualquier manera, no lo dude, conocemos los deseos más
escondidos de su corazón, por lo que habla, por lo que piensa, por lo que…
—Sí, sí. ¿Hay bicho o no?
—Absolutamente, sí señor. En este momento se encuentra por la novena justo
al frente del Locatel, ¿estoy en lo correcto?
—¡Uy, pero estos malparidos saben todo!
—Cuando esté preparado, sólo consta con que lo piense, por favor no vaya a
empezar a echarnos hijueputazos en la cabeza, podría emputarnos y no habrá
más contacto con usted.
Colgó a la llamada y acto seguido empezó a chiflar para que su compañero de
carretilla nocturna lo escuchará, yendo así hacia él.
Se tocaba la cara, miraba al cielo, buscaba en cualquier parte de donde se
encontraba a ver si había siquiera una puta cámara. Sin dejar de pensar que
pronto tendría ese bicho que tanto añoraba y quería desde antaño. En ese
momento tenía un celular, pero no era de alta gama, además lo había
conseguido en un Agáchese de esos de su barrio en el que le vendían a usted
un esmarfon en tan solo 20 lucas, así que uno nuevo no sería nada malo para
Carmelo.
—¡Ñero, me llamaron del gobierno!
—No hablé mierda, Carmo. Cada vez se pone más loco usted, vamos a
pegarlo ahorita a la 1, relajado.
—¡Qué no, qué no! Escúcheme, voy a pensar en aceptar lo que el gobierno me
dijo, y me llamarán.
—Carmo, Carmo. Eso ni se lo creé usted, a lo bien, antes de venir se echó uno
¿o qué?
—Espere, espere pienso, marica.
Carmelo quedó mirando el suelo, mientras el hedor a basura y a llanta
quemada del carro y de él mismo, se desprendía haciendo que la gente no
caminase de ese lado del andén, no necesariamente cruzando la acera hacía el
otro lado, solo caminando 3 pasos opuestos a la calle.
Pensaba y pensaba: «Estoy listo… ah, estos hijuepu… no, no, perdónenme… estoy listo», entonces su compañero quedó pasmado…
Sonaba y sonaba el celular, y fue ahí cuando empezó a creerle un poco al
Carmo.
—Carmo, le está sonando…
—Sisas, callela…
Entonces contestó.
—Quihubo…
Se tapó la boca con la mano esperando a que respondiesen.
—Casi nos putea, señor Carmelo, pero no hay problema, entendemos
perfectamente los deseos de sus entrañas. Ponga mucho cuidado:
» Primero, le dirá a su compañero que el chirlas está al tanto desde la camarita
del Locatel, esperando a su señal.
» Segundo, sabemos que tiene un briquet en su bolsillo derecho. Lo tomará y
sin asustarse cogerá el cartón con el que cuenta.
» Tercero, vaya al McDonald’s en diagonal y prenda ese cartón, bótelo
adentro y que se prendan esos putos capitalistas riquirricones, que nos tienen
comiendo mierda a usted y a mí, señor Carmelo.
—¡Hijueputas gomas! ¡gonorreas!
—Lo entiende, al igual que nosotros…, de hecho, lo sentimos, no daré largas a
explicar cómo lo sentimos, pero…
—Marica, quédese acá. Cuando vea candela en ese macdonals, coja la
carretilla y corrale pa’ la 134, ahí nospi.
Colgó el locutor.
Todo el cartón lo comenzaron a sacar y «corrale hijueputa, así es que es. Así
es que toca, narcotaístas», pensó Carmo.
Entonces encendió cuatro cartones; él quería el bicho, pero no iba a arriesgar
todo lo que se había ganado en la noche, que ya pronto se convertiría en
madrugada. No se podía suponer cosa contraría: esa sería una de las
madrugadas más acaloradas para los comensales de color rojo y la eme
amarilla que brilla desde seis cuadras a la distancia.
Los cuatro cartones empezaron a oler terrible, pero de todas maneras no había
problemas, ya que Carmelo contaba con el tapabocas N-95, el mejor y más
económico para poder lidiar con olores y tóxicos tales como los de las
basuras; era perfecto.
-Todos son unas gonorreas narcos…
No recordó el resto de la palabra, aunque si la hubiese recordado la habría
recordado mal, por lo que no cambiaba mucho la situación.
Tiró los cartones dentro del punto de macdonals, por lo que la gente tomó a
sus niños de los brazos y se condujeron juntos hacia el segundo piso. Y
Carmelo corrió hasta donde le dieron las patas, cuando pasó al lado del
Locatel y miró hacia la cámara que no había visto con anterioridad, supo…
supo en ese momento que no existía un éxtasis más grande: el esclavo dandole
latigazos a su amo, y vertiendo la copa del vino añejo de hace setenta años
sobre el piso y al frente de ellos, para así exorcizar sus tendencias elitistas y
narcopolíticas. Lo queramos o no, estamos regidos por las reglas del más
fuerte, no física ni mentalmente, sino que simplemente por el valor mismo que
creó el ser humano, el mismo que solo se encuentra en su concepto de
realidad, pueden ser: dinero, apellidos, rostros e incluso el cabello.
Luego de siete minutos en los que se jugaron la vida y disfrutaron de la
pequeña libertad de ser unos escogidos del gobierno, llegaron a la 134. Se
encontraban entonces al frente del éxito donde sin saber para donde putas
coger, recibieron la llamada del agente.
—Lo hemos captado todo, mister Carmelo.
Se escuchaban ciertas risas de fondo, y notó el causador de incendios que de
cierta manera algo raro estaba pasando, << ¿De qué putas se ríen estos
maricas? >>, pensó.
—Ya mismo le hemos enviado el bicho, miss Carmen, o, mejor dicho: miss
libertad.
No lo podía creer Carmelo, se decía una y otra vez que era una hijueputa
bobo, que había caído redondito, que por más que quisiera reventarle la jeta a
ese cabrón solo conseguiría hacerlo más y más feliz.
Empezó a sonar el teléfono. Era una notificación de Whatsapp, le habían
enviado efectivamente el bicho en un GIF, pues Cristiano Ronaldo, o CR7
estaba en la pantalla de su celular gritando con su típico “siiii” que suena más
a una "u" que a una "i".
Empezó el pobre Carmelo a rezarle a la virgencita, pues la excusa de sus actos
no era justificable, y menos con el cuento barato de que le habían jaqueado el
cerebro, no solo a él sino a millones de personas alrededor del globo.
Aunque Carmelo, era en realidad el hombre más afortunado, pues fue el
menos ignorante. Esa broma a modo de pistas le había abierto los ojos sin que
lo notará: el gran hermano es cada uno de nosotros y por medio de nuestros
dispositivos innovadores en donde tenemos casi todo gratis —y si no es gratis,
buscamos el modo de que lo sea— sin nosotros saber que lo gratuito nos
convierte en un paquete de papas que será consumido por los mismos
narcopolíticos de los que hablaba el bromista que le había vendido el celular
en el Agáchese a miss Carmen, y para colmo, son una SIM incorporada, buena
y lista para usar.

Sin palabras! 🐍🔥